ALFRED HITCHCOCK, UN DIRECTOR DE PESO

Artículo creado por Abraham Hithorso y maquetado por el Coronel Nathan Kurtz.
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Pocos directores han tenido tal reconocimiento por parte del público como Alfred Joseph Hitchcock. Nació en Londres con el comienzo del siglo. Sus miedos, posteriormente llevados al cine en sus películas, ya empezaron a gestarse desde su infancia. Siendo niño y tras realizar una travesura su padre, un hombre muy severo, lo llevo a la comisaría del barrio. Por consejo del padre, el comisario encerró a este niño regordete dentro de una celda durante unos pocos minutos, pero el terror y la angustia se apoderaron de Alfred para toda la vida. Tal fue su miedo a la policía que nunca aprendió a conducir para que no pudieran pararle en la carretera. La infancia en un colegio religioso muy rígido le inculcó un interés por la iconografía y la simbología, muy importante en toda su obra.



Imagen de la serie Alfred Hitchcock presenta

Ha sido un director muy activo, realizando 53 películas y 200 telefílms. Ya desde muy joven quería trabajar en el mundo del cine. Se enteró de que iban a abrir unos estudios en Londres y allí se presentó habiendo acabado de cursar clases de dibujo. Era un excelente dibujante, la silueta que lo representa en la serie "Alfred Hitchcock presenta" está realizada por él. Enseguida encajó en ese mundo pasando de rotular los textos para películas mudas a guionista, decorador, ayudante de dirección, montador y finalmente director. Hitchcock nació con el cine. En 1922 realizó su primera película, "Number Thirteen", inacabada por falta de presupuesto. Tras ésta le siguieron varios cortos y largos mudos que le enseñaron lo importante de contar con imágenes, siendo los diálogos secundarios. Siempre hay que dar prioridad a lo visual. En esta época se casó con Alma Reville, montadora de profesión, con la que viviría 50 años de su vida, y con la que trabajaría en muchas de sus películas, engordando con dos sueldos a la nomina familiar.



Alfred Hitchcock y Alma Reville el día de su boda

Ya en sus primeras películas aparecen sus temas principales. Para crear ese suspense característico, Hitchcock suele contar la anécdota de la bomba. Estando dos señores hablando en una mesa cae una bomba. El público se lleva un gran susto, pero dura unos segundos. Para crear suspense debemos enseñar a la gente una bomba bajo de la mesa que las dos personas sentadas a su alrededor no saben que existe. La gente querría avisarles pero no pueden generándose una situación angustiosa para el espectador. De esta manera crea el suspense, dando al espectador más información de la que conoce el protagonista y haciéndonos sufrir por él. Para que nos sintamos más dentro de la acción y nos podamos identificar con el protagonista Hitchcock nos hace aflorar nuestros miedos internos en lugares que simbólicamente conocemos, como la Estatua de la Libertad en "Sabotaje" o el Monte Rushmore en "Con la muerte en los talones".

Hitchcock era una persona llena de manías, obsesiones y traumas, que llevó al cine con gran majestuosidad. Las películas eran un medio de superación de esos miedos interiores que le abordaban, era una terapia para encontrarse frente a ellos. Era un hombre fetichista como se puede ver en "Frenesí", mirón en "La ventana indiscreta", misógino en "Vértigo" y con un gran miedo a la muerte. Por su represión sexual no solía acercarse a sus actrices excepto a Tippi Hedren, viéndose rápidamente rechazado. En "Marnie, la ladrona" solo le daba las ordenes a través de su ayudante de dirección. Su muerte favorita era el estrangulamiento con 17 en toda su filmografía. Sus asesinos son personas atractivas, encantadoras, para poder engañar al público y poder acercarse a sus víctimas, de tal manera que héroe y malvado pudieran fácilmente confundirse.



Alfred Hitchcock y Tippi Hedren

Para él los actores carecían de interés, solo debían hacer lo que indicaba el guión, que era lo verdaderamente importante. Escribía todas las escenas y todos los planos, realizando exhaustivos storyboard donde se daban todo lujo de detalles. De esta forma ya tenía la película rodada cuando iba al plató, no mirando casi nunca por el visor de la cámara. Sus historias normalmente carecen de un móvil muy importante. Este móvil absurdo que sirve de disculpa para realizar una serie de situaciones y relaciones entre los personajes es el "Macguffin". Como ejemplo más claro de Macguffin encontramos el uranio que se esconde en las botellas de la bodega de Alexander Sebastian en "Encadenados". Hitchcock estuvo a punto de cambiarlo por diamantes artificiales bajo presiones del gobierno, ya que el tema de una bomba atómica en plena II Guerra Mundial no era de su gusto.



Alfred Hitchcock y Cary Grant en "Atrapa a un ladrón"

Dos etapas componen en su filmografía, una primera inglesa y otra posterior americana que comenzó en 1.940 con "Rebeca". Hitchcock se identificaba con James Stewart, al que colocaba con alguna incapacidad física o mental que le impedía estar enteramente activo. Cary Grant representaba lo que Hitchcock hubiera querido ser, colocándolo en las escenas de peligro sin ninguna posible salida. Le gustaba poner a sus personajes en inferioridad frente a los atacantes. Según el propio Hitchcock, él era buen actor y por eso salía en todas sus películas. Pero en realidad era porque le daba suerte. El primer cameo ya lo realizó en sus películas mudas, al tener que representar una multitud con poca gente. La multitud siempre es malvada y fácil de manipular. Posteriormente sintió que le daba suerte y continuó apareciendo durante breves segundos en todos sus films. En "Náufragos", como se realizaba en un bote en pleno mar, tuvo la ocurrencia de aparecer en una hoja de periódico ilustrando un anuncio de un producto adelgazante como silueta del antes y el después.

Tras una serie de fracasos como "Cortina rasgada", "Topacio" y "Familia Plot", murió en la cama a la edad de 80 años, sin haber recibido un Oscar pero habiendo sido condecorado caballero por la reina de Inglaterra, honor que apreció por encima de todos los demás. Los gordos saben apreciar mejor el trabajo bien hecho, para ser un buen director de cine hay que ser un director de peso.

Abraham Hithorso

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