LOS ORÍGENES MITOLÓGICOS DEL JAPÓN

Artículo creado y maquetado por Kurtz para La Órbita de Endor.
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La cultura japonesa, como la de casi todos los países, está plagada de complejas historias de poderosos dioses y da, en forma de mito o leyenda, una explicación concreta a su nacimiento como pueblo. El relato de la formación del archipiélago japonés es un pasaje de gran belleza estética pero como toda buena leyenda también contiene importantes dosis de violencia y drama. La especial crudeza nipona hace que algunos de estos pasajes violentos resulten incluso desagradables y aunque hay mucha gente que prefiere obviar estas estampas no seré yo quien lo haga. Por ello, y auque es inevitable hacer un resumen de la compleja génesis japonesa que contente a todos, dejaré tanto el lirismo como la brutalidad.

IZUNAGI E IZUNAMI

En el albor de los tiempos el cielo y la tierra estaban mezclados y no había diferencia entre ellos. Formaban ambas materias una única entidad y solo cuando estos dos elementos se separaron aparecieron los dioses. Tres de ellos se crearon a sí mismos y vivieron escondidos en el cielo. Dos más nacieron de una especie de junco gigante que surgió entre el cielo y la tierra y poco más tarde lo hicieron otros siete nuevos dioses.

Los nombres de estos primigenios dioses han caído en el olvido pero no los de Izunagi e Izanami (1) dos de los últimos en nacer ya que estos recibieron el encargo de crear una nueva tierra. Para lograrlo Izunagi hundió Amenonuhoko, la naginata adornada con joyas que le regalaron sus antecesores, en el mar interior (2) y tras removerla con violencia la sacó y cuando las gotas que su acción produjo cayeron de nuevo sobre el agua surgió Onokoro. (3)

(1) Si precisamos serian Izanagi no mikoto, "Hombre majestuoso que invita" e Izanami no mikoto "Mujer majestuosa que invita",

(2) Existen versiones en las que Izunagui saca Onokoro del fondo del mar usando una red de pesca. Algunas hablan de una espada o de una jabalina e incluso se afirma que por cada gota surgió una isla, pero la que he relatado aquí es la que considero más acertada.

(3) Japón tiene en la actualidad cerca de 3.000 islas, muchas de ellas deshabitadas, pero cuatro de ellas; Honshû, Hokkaidô, Kyûshû y Shikoku suman el 97% de la superficie total del país. Onokoro no se corresponde con ninguna de ellas ya que es una "isla de fantasía" propia de la leyenda que simboliza ese nuevo mundo que construyó Izunagi.

  

Dos representaciones diferentes de Izunagi e Izunami creando Onokoro

La nueva tierra era muy hermosa y la pareja de dioses que la había creado decidió bajar del cielo y habitar en ella. La lanza de Izunagi sirvió como puente entre el cielo y la tierra y tras descender por ella se asentaron en la isla donde construyeron el palacio Yahirodono y llevaron una vida contemplativa.

Observando unos pajarillos Izunagi e Izanami fueron conscientes de sus diferencias y decidieron unirse para alumbrar nuevas islas y dioses y para ello crearon el ritual del matrimonio. La pareja rodeó el puente celestial en direcciones opuestas y cuando se encontraron de nuevo Izanami exclamó "Que encantador. Que suerte he tenido al encontrar un ser tan atractivo" y acto seguido hicieron el amor.

De su unión nacieron, Hiru-Go, un monstruoso niño sanguijuela al que horrorizados arrojaron al mar y la deforme isla Awaji. La pareja no entendía que había pasado de modo que consultaron al resto de dioses que le dijeron que el ritual de matrimonio había fallado porque la mujer había sido la primera en hablar y esta acción era privilegio de Izunagui, el varón. (4)

(4) Suena muy machista queridas lectoras, lo sé, pero así es la leyenda.

Repitieron el ritual hablando Izunagi primero y todo salió bien y de su unión surgieron nuevas islas y nuevos dioses como el dios del viento, el de los árboles y el de los ríos. El último en nacer fue Kagutsuchi, el dios del fuego, y su alumbramiento le costó la vida a Izanami que murió por culpa de las graves quemaduras genitales que sufrió. Mientras moría más dioses nacieron de la sangre, el vomito, la orina y los excrementos de la diosa mientras su marido, lleno de ira, decapitaba al recién nacido de cuya sangre surgieron nuevas deidades.

Izunagi viajó a Yomi, el reino de los muertos, para tratar de liberar el espíritu de su amada pero esta ya había realizado su primera comida allí y eso hacía imposible que la recuperase. Izanami no aceptaba su destino y trató de pactar su regreso al mundo con el resto de dioses pero mientras lo hacía Izunagi descubrió el cuerpo putrefacto de su esposa medio devorado por los gusanos y huyo horrorizado del lugar.



Representación de la diosa Izunami en el reino de Yomi

Cuando Izanami supo que su marido había dejado el lugar mandó a las brujas de Yomi para darle muerte y cuando este consiguió burlarlas fue ella misma la que trató de salir en su búsqueda. Izunagi no se lo permitió y coloco una roca gigante en la salida de Yomi y la pareja se vio obligada a charlar. Fruto de una dura negociación en la que se jugó con la vida de los súbditos humanos que habitaban ya las nuevas islas (5) se llegó a un pacto que disolvió el matrimonio.

(5) Enfurecida Izanami amenazo con matar cada día a mil súbditos de su marido y este como respuesta prometió crear mil quinientos con cada nuevo amanecer. Al final se acordó igualar las cifras y eso hizo que le población quedase estable de por vida.

Sin la compañía de su amada izunagi no deseaba vivir en la tierra y decidió regresar al cielo pero antes de hacerlo debía purificarse y lavó su cuerpo y sus ropas en el río Tachibana. De su acción nacieron tres nuevos dioses a los que entregó su reino terrestre. A la hermosa Amaterasu, literalmente "Diosa de la luz", le dio el gobierno del cielo a Tsuki-yomi el de la noche y a Ame-No-Moto, también llamado Susanoo, el de los mares.

SUSANOO Y AMATERASU

Susanoo era un ser pérfido y envidioso que odiaba la belleza y el poder que atesoraba su hermana Amaterasu y decidió acabar con ella. Para lograrlo se citó con ella y aunque Amaterasu no se fiaba de su hermano, y acudió al encuentro armada con su arco y sus flechas, Susanoo se comportó dulcemente y le hizo creer que la amaba.

Amaterasu pidió a su hermano que le entregase su espada y cuando este lo hizo la rompió en tres trozos y con cada una de las tres exhalaciones surgió un nuevo dios. Susanoo por su parte pidió a su hermana cinco collares que masticó engendrando con ello otros tantos dioses.

Susanoo reclamó la custodia de los hijos pero Amaterasu se la negó ya que estos habían nacido de su propio aliento y de sus collares. Su hermano enfurecido violó el ritual del festival de la cosecha, taponando los regadíos, derramando el arroz almacenado y defecando en el templo.

No contento con estropear los festejos Susanoo mató el ciervo más querido de su hermana y tras degollarlo lo arrojó a los pies de esta mientras ella y sus ayudantes bordaban (6). Amaterasu quedó tan horrorizada que huyo y se escondió en una profunda cueva que tapó con una gran piedra que solo ella podía mover.

(6) En algunas versiones se dice que lo que hizo Susanoo fue arrojar desde el tejado un caballo degollado y que eso hizo que una de las ayudantes se pinchase y muriese y que la diosa huyese.

Sin su gobierno sobre la luz el mundo se sumió en el caos y el resto de deidades, reunidas en consejo (7), trazaron un plan para hacerla salir de su escondite. Amaterasu era firme en sus decisiones y los dioses sabían que solo la curiosidad y los celos podrían hacerla salir y por eso decidieron montar una fiesta junto a la entrada de su escondite.

(7) El consejo lo formaban más de 800 deidades de las que apenas conocemos un puñado de nombres propios, los citados aquí y algunos más que no viene al caso mencionar pero que aparecerán, dios mediante, en otros relatos mitológicos que tengo pensado recoger.

Cantaron alzando sus voces y tocaron música a gran volumen persuadiendo a la hermosa Amo-No-Uzume, diosa del alba, para que bailase. La diosa bailó animada y se dejó llevar de tal modo que ante el aplauso de todos terminó despojándose de la ropa.

  

Susanoo atacando unos caballos. Amo-No-Uzume bailando semi desnuda

Alertada por el estruendo Amaterasu corrió un poco la piedra para ver que sucedía y al contemplar como Amo-No-Uzume le robaba su puesto de "diosa más hermosa" decidió asomarse un poco más. Nada más hacerlo el dios Tajikawa la cogió del brazo y la apresó pero no usó con ella violencia alguna. Le entregaron un espejo mágico para que comprobase que ella seguía siendo la más hermosa y cuando su espíritu recobró la alegría la convencieron para que volviese a dar su luz al mundo.

Hecho esto los dioses del consejo apresaron a Susanoo y, tras cortarle la barba y el bigote, le arrancaron las uñas de las manos y de los pies y lo desterraron para siempre del cielo. Fue entonces cuando se convirtió en dios de los mares y cuando mató con su espada y de un solo tajo a un dragón de ocho cabezas.

El espejo se convirtió en un símbolo de poder que Amaterasu entregó junto con una joya y la espada con que Susanoo mató al dragón a Jinmutenno, uno de sus nietos. Este se convirtió así en el primer mikado, el primer emperador de nombre conocido, y de él, y sin interrupción alguna, descienden, en un camino que ya ha recorrido 2.600 años, todos los emperadores del país del sol naciente.

CURIOSIDAD

Susanoo fijó su residencia en la provincia de Izumo y construyo un palacio en el que se quedó a vivir. Cuando lo terminó se alzaron nubes por encima de la gran construcción y al verlas el dios de los mares pronunció estos versos:

Ya-kumo tatsu
Izumo ya-he-gaki
Tsuma gomi ni
Ya-he-gaki tsukuru
Sono ya-he-gaki wo
      Hay ocho nubes
en palacio de Izumo,
el de ocho vallas,
donde mora mi esposa,
de ocho vallas guardada.

Se considera que este escrito, que figura en el mítico Nihon shoki, es el primero de la literatura japonesa y por ello se reconoce a Susanoo como el creador del waka (poesía japonesa)

© Coronel Nathan Kurtz (JFM - 2011)
Prohibida la reproducción de este artículo

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