LA HISTORIA DE LOS 47 RÔNIN

Artículo creado y maquetado por el Coronel Nathan Kurtz para La Órbita de Endor.
Prohibida la reproducción total o parcial sin el consentimiento de su autor.
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I.- INTRODUCCIÓN.

Dentro de la cultura Japonesa la historia de los 47 rônin es uno de los acontecimientos históricos más conocidos, entre otras cosas porque las acciones de sus protagonistas son un claro reflejo de algunas de las enseñanzas más importantes del Código Bushidô y porque ha sido reflejada en obras de kabuki y en composiciones pictóricas, poéticas y musicales

En occidente conocemos esta historia por haber sido citada en películas como "Rônin" ( Rônin - John Frankenheimer 1.998) , "La leyenda del samurái" (47 Rônin - Carl Rinsch 2.013) y en alguna mucho más antigua como "La venganza de los 47 samuráis" (Genroku Chûshingura - Kenji Mizoguchi 1.941) sin embargo ninguna de ellas, salvo tal vez la última, se acerca a los hechos que, si bien es cierto que tienen una base real, están a día de hoy claramente embellecidos y mitificados.

Mi intención en este breve y modesto artículo que estás a punto de leer es contar esta famosa historia de honor y venganza de la forma más realista posible, algo que ya adelanto que seguramente no consiga plenamente porque, pese a que existen documentos que la recogen con detalle, estos no son tan numerosos y exactos como gustaría a los historiadores. Lo que leerás no serán hazañas imposibles llevadas a cabo por espadachines insuperables y de hecho comprobarás que incluso el empleo de la palabra "rônin" en lugar de "Samurai" es, para alguno de sus protagonistas, inadecuada.

II.- LA FIGURA DEL RÔNIN EN EL JAPÓN FEUDAL.

Un rônin era, por así decirlo, un samurai que, por alguna razón, y las había muchas y diversas, carecía de señor y por ende de objetivo vital y sustento físico. La traducción del término rônin (ver imagen), dado los múltiples significados de los kanji nipones, es compleja, pero se suele usar, y me parece una elección correcta, la traducción "hombre ola" ya que con ello se refleja la idea de que el rônin es "un hombre errante, como las olas del mar".

Los descendientes de un rônin eran también rônin y entre las causas por la que se podía llegar a ser un rônin, la muerte del señor al que se servía, bien en combate o bien tras afrontar el ritual del seppuku, era la más usual. Menos frecuente, pero tampoco extraña, era que el señor prescindiese de los servicios de un samurai que estuviese a su cargo porque este ya no le era útil (enfermedad, pérdida de algún miembro en combate, etc) o porque tras caer en desgracia había perdiendo poder económico viéndose obligado a reducir los samurais que tenía a su servicio.

III.- MARCO HISTÓRICO DE LOS ACONTECIMIENTOS.

Los hechos que se narran en la historia de los 47 rônin tuvieron lugar entre los años 1.701 y 1.702 dentro de la denominada Era Edo [1] que va del año 1.603 al año 1.868. A este periodo, uno de los más famosos de la historia del Japón, también se le conoce como Periodo Tokugawa [2] ya que era el shôgunato [3] de este clan el que ostentaba el verdadero poder y no el Emperador que sólo era una figura decorativa.

[1] El nombre que se da a la era cambia cada vez que hay un nuevo Emperador y este elige un "lema" para su acceso al poder o, como en este caso, cuando un clan impone un shôgunato. En el momento en el que se escribe este artículo la era que se vive en Japón es la Era Heisei ya que fue este el término que eligió el Emperador Akihito en su ceremonia de entronización. Heisei se puede traducir como "pacífico"

[2] El shôgunato de los Tokugawa fue el tercer y último shôgunato de la historia del Japón tras el del clan Kamakura (1.119 a 1.333) y el del clan Ashikaga (1.336 a 1.573). Se le llama periodo Edo (Antiguo Tokio) porque el poder estaba allí, en la residencia Tokugawa, y no en Kyoto hogar del Emperador que en este periodo, como ya he dicho, era una figura decorativa. Desde el punto de vista occidental era claramente una dictadura militar sin embargo permitió un largo periodo de paz.

[3] Shôgun: Es una abreviatura de la expresión "Seii Taishôgun" que podríamos traducir libremente como "Gran general azote de los bárbaros" y era un título que otorgaba el emperador entre los daimyô más poderosos. Daimyô por su parte podría traducirse como "Gran Señor" y solía darse ese nombre a los señores feudales que plagaban el archipiélago y servían a los distintos Shôgunatos del Imperio.

IV.- EL INCIDENTE.

El líder del clan de los Tokugawa en el momento en el que sucedieron los hechos que se narran era Tsunayoshi y aunque el Emperador, Higashiyama Ashaito era, prácticamente su prisionero, las formas seguían respetándose y para celebrar el Año Nuevo le envió a Kioto un buen número de regalos. El Emperador como respuesta protocolaria, le informó que le mandaría a sus emisarios en el mes de marzo para que lo agasajasen. Cumpliendo con el protocolo Tsunayoshi eligió a dos jóvenes daimyôs a su servicio para que recibiesen a los emisarios imperiales y uno de ellos, detonante del incidente fue, Asano Naganori [4].

[4] Al poner un nombre japonés lo corecto es colocar el, por así decirlo apellido, delante del nombre de pila. Así pues aunque aquí empleamos este sistema y decimos Higashiyama Ashaito puede que en algunos textos lo encuentres al revés. El nombre completo de Asano Naganori es Asano Takumi No Kami Naganori.



Tsunayoshi Tokugawa y el "mon" de su clan

Como Asano no tenía la instrucción precisa en protocolo se asignó a otro señor, Kira Kozukenosuke Yoshinaka (en adelante Kira) para que lo instruyese. El precio que Kira exigió a Asano fue, tal como todos los historiadores reconocen, demasiado elevado pero como la familia era poderosa lo pagó. Eso no evitó empero que en Abril de 1.701 Kira insultase públicamente a Asano tratándolo de campesino sin sentido de la compostura instándolo a desenvainar su katana.

El inexperto joven cayó en la trampa y atacó a Kira causándole una herida leve pero lo dramático del suceso es que lo hizo dentro del castillo del shôgun Tsunayoshi Tokugawa algo totalmente inaceptable y considerado una afrenta de máximo nivel. Además, lejos de disculparse el joven afirmó que lo único que lamentaba era no haberlo matado. Tsunayoshi, que no podía obviar la afrenta condenó a muerte a Asano a quien, por su condición de samurai, se le ofreció la posibilidad de cometer suppuku [5].

[5] En el país del sol naciente la honorabilidad se asocia a la limpieza de los intestinos y el ritual del seppuku tiene como objetivo conseguir la evisceración para mostrar a todos que los instentinos están limpios y por ende se es honorable. Si hay tiempo para ello y el sepukku no se tiene que ejecutar con premura, por ejemplo ante una derrota inminente, el ritual tiene lugar sobre un tatami especial y se viste un kimono ceremonial de color blanco. Se usa también a alguien de confianza que asista a quien lo ejecuta para que, colocado a su espalda (en realidad a ¾,) y con la katana en alto, le ampute la cabeza cuando esta se incline hacia delante fruto del insoportable dolor que causa el ritual.



Ritual del seppuku con el ejecutante, su asistente y dos testigos

Asano ejecutó un seppuku impecable y la entereza que mostró no sólo salvo su honra frente shôgun y al resto de la corte sino que causó la admiración de todos. No obstante, como parte del castigo, se confiscó todo su patrimonio, su familia perdió los derechos de herencia y Asano Daigaku, hermano del fallecido, fue encarcelado.

V.- LA VENGANZA.

Aunque la afrenta había sido grande el castigo era sin duda desproporcionado y produjo gran alboroto entre la corte pero sobretodo entre los súbditos de Asano que contaba con 300 fieles samuráis de gran valía. Gran parte de ellos, y todos los sirvientes menores, pese a estar indignados, aceptaron su nueva situación, sin embargo un nutrido grupo decidió defender el castillo de Akô [6] con las armas para impedir su confiscación.

[6] Hablar de castillo tal vez sea exagerado ya que aunque ese es el concepto en realidad la sede de los Asano en sus dominios de Akô era más bien una gran mansión fortificada.



Castillo de Akô tras la moderna reconstrucción

Ôishi Kuranosuke, el experimentado samurai que actuaba como consejero del clan Asano, ordenó que nadie usase la armas y exigió, como máximo responsable en esos momentos, que tanto los sirvientes como los samurais, todos ellos convertidos ya en rônin, dejasen el castillo y luchasen pacíficamente para restaurar el buen nombre del clan. Ôishi dio un segundo mensaje, este sólo para un pequeño grupo del que formaban parte los 46 samuráis más belicosos, a los que solicitó que tuviesen paciencia y se mantuviesen en forma porque llegaría un momento en el que podrían vengarse de Kira.

Ôishi sabía que Kira y los suyos esperaban una reacción y que si atacaban, al estar en inferioridad numérica, serían derrotados y por eso el plan se basaba en fingir que habían aceptado su destino y no eran una amenaza. Los samuráis que estaban en la confabulación siguieron entrenado a escondidas, pero públicamente se convirtieron en comerciantes, vendedores y mendigos. El propio consejero, pese a tener una buena posición, dejó a su familia, empezó a frecuentar casas de latrocinio en Edo donde se emborrachaba y participaba en numerosas peleas callejeras.

El 14 de diciembre de 1.702, más de un año después del incidente que dio origen a su desgracia, los 47 samuráis (los 46 elegidos más Ôishi) se vistieron con las armaduras que habían guardado, tomaron sus armas y se dirigieron a la casa de Kira en Edo. Nada más llegar hicieron dos grupos y atacaron desde el norte y el sur simultáneamente. Pese a estar en minoría al atacar por sorpresa obtuvieron la victoria y consiguieron su objetivo que era apresar a Kira al cual, según los relatos encontraron oculto y tembloroso en una despensa de la parte trasera de la lujosa mansión.

Ôishi, que era hombre de honor, decidió dar a Kira la posibilidad de afrontar el seppuku tal como hizo su señor, pero como el cobarde no quiso hacerlo lo degolló usando el mismo tanto (cuchillo) con el que su señor Asano se había quitado la vida un año atrás. La cabeza de Kira se colocó en un barreño de madera con agua y se llevó al Templo Sengaku Ji donde estaba enterrado Asano y al mismo tiempo se enviaron al Shôgun dos emisarios para que le relatasen con detalle lo ocurrido pues era intención de todos ellos mostrar respeto a Tsunayoshi y aceptar las consecuencias que sus actos acarreasen.

La decisión que debía tomar el shôgun no era sencilla pues si bien era cierto que el los 47 samarais habían actuado con gran honor, y habían sido fieles a gran parte de los preceptos del bushidô, también lo era que habían actuado en contra de los designios del shôgun. La decesión final fue condenar a 46 de los 47 implicados a muerte dándoles el honor de afrontar el seppuku algo que todos aceptaron de inmediato y muy complacidos pues, cumplida su misión solo ansiaban acompañar a Asano en el otro mundo.



Tumbas de los 47 rônin (en realidad 46) en el templo de Sengaku Ji

El indultado, que era el más joven del grupo, apenas un niño, recibió unas monedas y pudo regresar con su familia con su honor intacto mientras sus compañeros cumplían, el cuatro de febrero de 1.703 el ritual del seppuku. Todos ellos, tal como era su deseo, fueron enterrados en el templo Sengaku Ji.

© Coronel Nathan Kurtz (JFM - 2013)
Prohibida la reproducción de este artículo

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