LA FABRICACIÓN DE LA KATANA

Artículo creado y maquetado por el Coronel Nathan Kurtz para La Órbita de Endor.
Prohibida la reproducción total o parcial sin el consentimiento de su autor.
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El texto que estás a punto de leer es un artículo breve que sirve como complemento del que he realizado sobre las espadas japonesas y en el que intento explicar el proceso tradicional japones de creación de katanas. Como ya dije en el anterior artículo este trabajo va dirigido a un público generalista y sin conocimientos previos de modo que si eres un buen conocedor de las tradiciones niponas lo más probable es que el presente texto se te quede corto.

I.- INTRODUCCIÓN.

Cuando hablamos de la fabricación de la katana no debemos hablar de herreros sino de maestros artesanos ya que el proceso de elaboración de estas armas se asemeja en muchos aspectos al de una ceremonia religiosa. El protocolo es siempre el mismo y todo esta medido hasta el más mínimo detalle y se rodea de misticismo. El proceso se iniciaba con un material bastante pobre y fruto del trabajo del maestro se obtenía un arma que era resistente a la vez que flexible y que producía uno de los cortes más extraordinarios que jamás se han visto. Si, puede que las katanas de maestros célebres como Gorô Nyûdô Masamune o Muramasa Sengo no fuesen tan duraderas como las europeas, pero ninguna otra arma de filo ha conseguido nunca acercarse a su calidad de corte.



Hoja original de una Katana fabricada por el maestro Gorô Nyûdô Masamune



Hoja original de una Katana fabricada por el maestro Muramasa Sengo

El sistema empleado para dar a la katana las cualidades antes descritas ha sido documentado con bastante detalle, pero hay aspectos que nunca llegaremos a conocer ya que entran de lleno en el terreno del “secreto profesional” y murieron con los grandes maestros, o con sus alumnos más aventajados. Pese a ello podemos describir el proceso general de fabricación y eso es precisamente lo que pretendo hacer en este artículo. Describiré el proceso de forma sencilla y paso a paso para que el lector se haga una idea del mismo, pero no entraré en detalles excesivamente farragosos, ni incorporaré a la explicación los mitos y leyendas que hay sobre temas como el plegado del acero. El resultado no será un trabajo escrupulosamente detallado del proceso, pero podrás seguirlo con facilidad y hacerte una idea general del mismo cosa que no se consigue facilmente con otros textos que circulan por la red.

II.- LA TATARA: DEL SATETSU AL TAMA-HAGANE.

El hierro, satetsu para los japoneses, era la materia prima usada en la fabricación de las katanas y se obtenía, como es lógico, a partir del mineral del mismo nombre que en el caso nipón se empleaba en forma de polvo. Al tratarse de una materia prima con muchas impurezas y cuyas propiedades eran bastante pobres, el primer paso que se daba era convertir ese hierro en un material mucho más resistente, en acero.

El acero es una aleación de hierro y carbono siendo el porcentaje de este último inferior al 2% y para conseguirlo los artesanos japoneses sumergían el satetsu en carbón vegetal incandescente que se obtenía de la mejor madera de pino que podían conseguir (Las clave de la selección era uno de los secretos que se guardaban los maestros).



Un recipiente con satetsu (polvo de hierro) y un astilla de buena madera de pino

La mezcla de estos dos elementos, hierro y carbón, se realizaba en el interior de un gran horno de arcilla al que se llamaba tatara y el proceso, largo y laborioso, ocupaba a unas 5 personas durante aproximadamente cuatro días. El satetsu se colocaba en la parta baja de la tatara, sobre una capa de astillas de madera que eran convertidas en carbón por una combustión que empezaba de forma muy suave. Cuando el satetsu tomaba la temperatura necesaria se introducían más astillas por la parte superior y la combustión se subía gradualmente de intensidad avivando el fuego con dos fuelles laterales que se accionaban con los pies. Los encargados de accionar dichos fuelles sufrían los rigores el enorme calor que desprendía la tatara (grandes lenguas de fuego salían por la parte superior) y disponían de cuerdas que les permitían realizar mejor su tarea. Debían accionar los fuelles de forma coordinada y para conseguirlo solían cantar canciones populares creadas a tal efecto (ver ilustración).



Una Tatara en una vieja pintura japonesa

Para construir la tatara, que tenia una altura de unos 110 cm, un fondo (largo) de 360 cm y un ancho de 120 cm, se necesitaba una semana y en su interior se calentaban 10 toneladas de satetsu y 12 de carbón vegetal. Al finalizar el periodo antes apuntado era destruida y de su interior se extraía el ansiado acero que los japoneses llamaban tama-hagane y del que tan sólo se conseguían 2,5 toneladas. Estas cifras dan, por si solas, una idea del descomunal trabajo que suponía esta primera fase de la fabricación.



Una pequeña muestra de tama-hagane

Nota 1: Tal como se comentó en uno de los programas dedicados a los estudios Ghibli en la película "La Princesa Mononoke" (Mononoke Hime - Hayao Miyazaki 1.997) se ve a unas mujeres trabajando en una tatara y cantando una canción para acompasarse. Aunque la escena dista bastante del proceso tradicional que he descrito os incluyo un vídeo de la citada canción a modo de ejemplo.

Nota 2: En la actualidad, y ubicada en la Prefectura de Shimane, existe una tatara que proporciona todo el acero necesario para la producción de espadas japonesas. Se la denomina Nittoho Tatara ya que este nombre, Nittoho, es el que recibe la Sociedad para la preservación del arte de las espadas japonesas que fue quien, en colaboración con la Agencia para Cuestiones Culturales del gobierno nipón creó esta tatara. El complejo, que sólo funciona en invierno, es controlado y operado por los trabajadores de la empresa Yasugi Works una filial de Hitache Metals que es quien colabora con Nittoho y la agencia antes citada como tercera parte de un estricto convenio.

III.- EL HAGANE Y EL SHINGANE.

El tama-hagane obtenido se fraccionaba en trozos más manejables y se calentaba y aplastaba a golpe de martillo creando diversas láminas de acero que se colocaban unas sobre otras en un montón y se cubrían con arcilla y polvo de pierda de amolar. El resultado final del proceso eran uno trozos de material llamados tekoita de unos 12 cm de largo, 14 de largo y 2 de grosor que se emplearían para la fabricación de la hoja de la katana.

La katana debía ser resistente, pero también flexible y eso obligaba a usar dos tipos de material que los japoneses llamaban hagane y shingane. El primero daba la dureza y se empleaba en el exterior y el segundo daba la flexibilidad y quedaba en el interior. Ambos eran obtenidos del mismo tama-hagane y eran plegados y forjados varias veces hasta conseguir una pieza más fina y compacta. Esta forja requería que el material fuese calentado golpeado y vuelto a calentar infinidad de veces y la diferencia en las propiedades venía dada porque el shingane era expuesto mas veces y durante más tiempo al aire para que se enfriase.

Una vez obtenidos el hagane y el shingane estos debían ser unidos y esto se podía hacer de dos formas. Una, la más sencilla, consistía en colocar una lámina de shingane de menor tamaño sobre otra de hagane algo mayor. Otra, más laboriosa pero más eficaz, consistía en crear una lámina de hagane en forma de un "U" y colocar dentro de ella el shingane envolviéndolo como si fuese un librillo.



Proceso de unión del hagane y el Shingane en forma de "U"

La mezcla de hagane y shingane se trabajaba calentando, golpeando y enfriando lentamente hasta darle la forma definitiva que además de curvada era mucho más fina en la zona del filo que en la del contrafilo. Esta parte del proceso era muy delicada y requería la eliminación de cualquier impureza y el uso de un rascador que se pasaba constantemente sobre la superficie. Una vez conseguida la forma definitiva la hoja se afilaba y pulía quedando lista para una de las fases más importantes y complicadas, el templado.

IV.- EL YAKI-IRE Y EL HAMON.

Para realizar el templado o yaki-ire toda la hoja de la katana se cubría con una pasta de arcilla bastante espesa, yakibatsuchi, que una vez aplicada era retirada con esmero de la parte del filo. Si la arcilla había sido aplicada de modo uniforme y no tenía grietas cuando la hoja era sometida al fuego y a las posteriores inmersiones en agua que completan el templado, solamente la parte que había quedado descubierta era templada.

La temperatura óptima para el templado se situaba entorno a los 750º, pero si se superaban los 800º la hoja quedaba inservible porque a esa temperatura el acero se expande. Esta temperatura de forjado además de dar dureza creaban una curvatura natural en la hoja aunque esta no era tan pronunciada como la que se requería y eran los maestros los que la obtenían en sus proporciones justas con un proceso posterior que luego detallaremos.



La curvatura de una hoja moderna antes y después del yaki-ire

Muchos artesanos realizaban el yaki-ire cuando ya no había luz ya que en esas condiciones podían apreciar mejor el tono amarillo-rojizo que buscaban y que estaba acorde con la temperatura a obtener justo antes de meterla con presteza en agua para que se enfriase al instante. Tanto el calentamiento como el enfriamiento eran esenciales en el templado y cualquier fallo podía arruinar la hoja con problemas como el Ha-gire (grietas).

El hamon, o línea de templado, quedaba claramente marcado en la hoja y su forma dependía de la forma en que se hubiese aplicado y retirado la arcilla. Una de las formas más usuales era la denominada notare que creaba un dibujo ondulado pero también las había rectas y con forma de dientes de sierra.



Cuenco con arcilla fina, un artesano aplicando la arcilla y varios tipos de hamon

Aunque no me detendré en explicarlas profundamente es importante decir que el empleo del yakibatsuchi en el templado crea dos tipos de partículas denominadas nie y nioi. Lo que si conviene que sepáis es que viendo ambas partículas un experto puede determinar la calidad de la espada y que para ello debe colocar la katana en un ángulo de entre 20º y 30º respecto al foco de luz. Esto es así porque las partículas del nie son mucho mayores que las del nioi que solo pueden verse cuando refractan la luz en ese ángulo (La próxima vez que veáis a un experto mirar el filo de una katana en ese ángulo sabréis que no mira si está o no afilada sino la calidad del nioi).

V.- EL PULIDO Y EL AFILADO

El pulido empieza retirando los restos de incrustaciones que pueda tener la hoja tras el templado y para ello se emplean piedras de desbaste muy abrasivas. Este es también el momento en el que se crea la curvatura artificial de la hoja que mencioné antes y que se consigue calentando el contrafilo y presionándolo contra un bloque macizo de cobre construido a tal efecto. El éxito en el proceso de curvado de la hoja, que es sumamente complicado, viene garantizado tan sólo por dos elementos, la pericia y experiencia del artesano.

Tras el primer desbaste, y obtenida ya la curvatura de la hoja, se sigue puliendo esta con nuevas piedras cada vez más finas hasta llegar a una fase final muy precisa que, por desgracia, a fecha de hoy desconocemos. Ese último paso era la clave para conseguir la finura del corte y estaba sumida en el más profundo de los secretos ya que sólo el maestro artesano, y aquel discípulo al que había elegido para sucederlo, estaban presentes en su desarrollo. Baste saber que al final del oscuro proceso la línea de templado quedaba completamente visible y que la espada podía afiliarse hasta conseguir un corte que no ha sido igualado ni siquiera hoy con técnicas y materiales modernos.

VI.- DECORACIÓN, MONTAJE Y PRUBA

Aunque mucha gente cree que el mango y la hoja son dos partes diferentes no es así ya que la katana está formada por una sola pieza de metal que en la parte de la empuñadura está cubierta por distintas piezas y por un cordaje que permite manejarla con comodidad (ver el articulo anterior sobre espadas japonesas). De hecho si el mango y el filo fuesen dos partes distintas la espada se rompería con gran facilidad fruto de la vibración de los golpes y por eso se hace de una sola pieza.

Tanto la parte visible de la hoja, en su parte más próxima a la empuñadura, como la parte que quedaba oculta por esta, solían llevar grabados. En el caso de la primera, toshin-tyokoku, solían ser formas de animales poderosos, como el dragón, o motivos naturales de gran significado como las hojas de cerezo, en japonés, sakura. En el caso de las segundas se solían colocar textos realizados por encargo y/o firmas del artesano. Para esta tarea, muy delicada, se solían usar los servicios de un especialista al que se denominaba mei-kiri-shi.



Inscripción en la parte de la empuñadura y decoración en la hoja de una espada.
(Como se puede ver por el filo no es una katana)

La creación del mango o tsuka, y de la vaina, daría para otro largo artículo, pero obviaré ambos y me centraré en el momento en el que el artesano entrega la katana a su cliente y este ejercía su derecho a probar su eficacia antes de abonar el servicio prestado. El modo más habitual para probar la espada tras su reconocimiento visual (hay que mirar el nioi como ya se ha explicado) era asestar un golpe sobre una estructura creada con una caña de bambú alrededor de la cual se habían atado diversos juncos. Si la espada era buena el conjunto de juncos y bambú era seccionado con limpieza y sin emplear excesiva fuerza y era el momento de realizar el pago.

En ocasiones se probaba el corte sobre algún cadáver e incluso sobre algún reo vivo sentenciado a muerte, pero esto era mucho menos usual pese a que aparece así descrito en muchos textos supuestamente documentados. Esta práctica, en la que el reo, vivo, era colocado sobre un montículo de tierra atado de pies y manos y cortado por la mitad, apenas se uso. La razón es que cuando los presos se enteraban de que se iba a realizar una prueba de este tipo se tragaban piedras y de este modo si eran elegidos y cortados en dos dejaban este mundo con la alegría de saber que la espada de un samurai podía quedar dañada al dar con la piedras durante el corte.



Ilustración de una prueba de katanas con un preso

El precio de una buena katana, especialmente la de grandes maestros como los citados en la introducción, era muy elevado y eso las convertía en uno de los regalos más apreciados que podía hacer un daimio (señor feudal por así decirlo) a uno de sus samurais. Recibir una katana de manos de tu señor, y las posesiones que solían ir aparejadas, era un tremendo honor que todo samurai soñaba alcanzar algún día.

VII.- BIBLIOGRAFÍA.

Para realizar este artículo se han consultado entre otros muchos los siguientes libros:

  • "The Art of the Japanese Sword" de Yoshindo Yoshihara y Leon Kapp.
  • "Katana: The Samurai Sword: 950-1877" de Stephen Trunbull.
  • "The Art of Japanese Sword Polishing" de Setsuo Takaiwa y Yoshindo Yoshihara.

Como complemento de este artículo puedes consultar el que he realizado sobre la fabricación artesanal de la katanas que si no está publicado para cuando leas estas líneas, lo estará en breve.

© Coronel Nathan Kurtz (JFM - 2015)
Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso escrito de su autor.
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