YUKIO MISHIMA Y LA OBSESIÓN POR LA MUERTE

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Lo que estás a punto de leer es el texto que realicé para una colaboración que hice con Miguel Ángel Macca, creador del podcast "Visones de la Antigüedad". El puso voz a mis palabras en noviembre de 2.014 y puedes escucharlo AQUÍ sin embargo he decidido incluirlo también, documentado con imágenes, en la sección de artículos de LODE porque así me lo han pedido varios oyentes. Espero que lo disfrutéis.

EL INCIDENTE.

Son casi las 10:30 de la mañana del 25 de Noviembre de 1.970. Mishima, posiblemente el escritor japonés más grande de todos los tiempos, deja sobre la mesa de su escritorio un manuscrito de su última obra, "El Deterioro del Ángel", y se despide de Yoko, su mujer, y de sus dos queridos hijos, Iichiro y Noriko.

El poeta viste el nuevo uniforme del "Tate-no-kai", La Sociedad del Escudo, un grupo de corte paramilitar que creó dos años atrás y del cual forman parte un grupo de fervorosos alumnos, muchos de ellos hijos de importantes familias que, hipnotizados por la luz que desprende su maestro, han jurado ayudarle a recuperar el honor del noble pueblo japonés.

De la cintura de su casaca, pulcramente planchada y bajo la cual no viste camisa, cuelga una katana de 350 años de antigüedad que Mishima, campeón de Kendô, luce orgulloso. Escondidas en una maleta lleva dos wakizashi, espadas mucho más cortas que la katana, que entrega a uno de sus alumnos cuando estos llegan para recogerlo.



Mishima con armadura de Samurai y con su Katana de 350 años

Mishima se acomoda en el asiento trasero del elegante automóvil que ha comprado unas pocas semanas antes para la ocasión y que sus alumnos han lavado y encerado escrupulosamente. Su destino es el Cuartel General de Tokio, sede del Jieitai, Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensa de Japón, donde el poeta tiene una cita con el general Mashita uno de los muchos admiradores que tiene dentro del ejército.

Los chicos han estado entrenando en el hotel la misión para la que han sido llamados por su maestro, pero están sumamente nerviosos. El poeta escruta a los cuatro jóvenes, Chibi y Furo, a los que todos conocen como los Koga, el siempre serio Ogawa y el más querido de todos, Morita, el guapo lugarteniente con el que muchos estudiosos creen que Mishima mantenía una relación sentimental, algo que, al igual que ocurre con la supuesta homosexualidad del poeta, no está tan claro como creemos en occidente.

"Esto parece una película de gángsters. Habría que ponerle música a esta escena" dice Mishima para rebajar la tensión y tararea una melodía que hace que todos se rían y relajen. El grupo llega puntual a su cita de las once y el general los recibe a solas en su despacho despidiendo del mismo a su cansino asistente. A Mashita siempre le ha parecido que los uniformes del Tate-no-kai son muy operísticos, pero cuando ve la katana colgada de la cintura de su invitado queda maravillado. Hace muchos años que las ordenanzas impiden a los militares llevar el arma tradicional de los samuráis, pero como todos los militares de su generación es un experto y por eso, nada más ver la cuidada empuñadura reconoce el valor de la espada y solicita a su visitante que le deje examinarla.

"Es de 1620 una Seki-no-Magoroku" dice Mishima y tras desenvainar el arma se la entrega al general que la coge mientra agradece la deferencia de su invitado con una lenta reverencia. Como experto en este tipo de armas el poeta ha cubierto la hoja con una fina capa de aceite natural y aunque esto la protege también impide ver el famoso temple "sanbon sugi" que el general nunca ha tenido la oportunidad de ver y que por tanto arde en deseos de contemplar.



Mishima con varios miembros del Tate-no-kai vestidos con el uniforme del grupo

Mashita pide que le den un pañuelo para retirar el aceite. "Koga Chibi, dame un pañuelo para el general" dice el poeta y al oír la frase, que es la clave que han fijado, todos se mueven según el plan trazado. En apenas dos minutos el general es atado y amordazado, se reparten los dos wakizashi y se empieza a mover el mobiliario para taponar las distintas entradas del despacho. Con lo que no cuenta el grupo es con el celo del asistente del general que ha preparado un refrigerio para los visitantes y decide asomarse a una mirilla para ver si debe servirlo ya.

Lo que ve el atribulado secretario no es lo que espera y al comprobar que su general está atado corre a dar la alarma. Los altos oficiales que pueblan las oficinas escuchan los gritos y llegan raudos a la puerta del despacho, pero nadie sabe que hacer porque las leyes militares son muy estrictas y les prohíben abrir fuego sobre civiles sea cual sea la situación.

Al verse descubierto Mishima encarga a Koga Chibi que mantenga en todo momento su wakizashi contra el cuello del general e infunde valor al resto instándoles a defenderse con uñas y dientes si los militares intentan entrar en el despacho. Los cuatro jóvenes asienten y los dos que no están armados con las espadas cortas cogen lo que pueden, uno un pesado cenicero, y el otro un candelabro.

El grupo de altos oficiales agolpados en el exterior es cada vez mayor y la tensión crece cuando un general da la orden de entrar en tropel esgrimiendo cualquier elemento contundente que puedan conseguir. En el primer envite Morita, que esta muy nervioso, pierde su arma, pero Mishima hace frente al grupo y consigue herir a 12 oficiales de alta graduación. Uno de ellos es el general que ordenó la entrada que, consciente de su error, grita a todos que se retiren.

Varias de las heridas que ha inflingido Mishima son muy graves, pero la pericia del poeta con la katana le ha permitido no sesgar ninguna vida, algo que nunca ha deseado ni planeado y para lo cual ha tenido que amagar varios golpes eludiendo tajos en puntos vitales como la carótida y la femoral.

El poeta grita que matará al general si no se cumplen sus exigencias y acto seguido solicita que no se avise a la policía local y que se congregue en el patio a toda la guarnición. Los cerca de mil hombres que la forman deberán permanecer en silencio mientras él se dirige a ellos para ofrecerles un discurso tras el cual Mishima jura que liberará al general y se entregará junto a sus hombres.

Los heridos empiezan a ser evacuados en las ambulancias que van llegando al cuartel general junto a los primeros periodistas que, al no poder entrar en el recinto, se agolpan en la entrada. Sin saber muy bien que hacer los militares se ponen en contacto telefónico con el ministro que opta por lavarse las manos y les ordena que actúen como crean conveniente ya que tienen más y mejor información que él.

Como las exigencias de Mishima no son excesivas se ordena a los hombres que se reúnan en el patio que en pocos minutos se llena completamente, no solo con los militares acuartelados y los periodistas a los que finalmente se ha dejado pasar, sino también con los policías de la brigada antidisturbios que incluso han movilizado dos helicópteros que sobrevuelan el cuartel.

Al ver a los antidisturbios Mishima monta en cólera y suelta la mordaza que tapa la boca del general exigiéndole que haga que se cumplan sus exigencias tal como las planteó pero Mashita se niega a ello. Mishima decide actuar y sale al balcón con Ogawa. Ambos despliegan sendos carteles que exponen sus motivaciones y antes de regresar al interior del despacho lanzan octavillas con el manifiesto que el poeta leerá en unos minutos. El escrito, que luego no respetará, comienza diciendo "El ejército siempre ha tratado bien al Tate-no-kai. ¿Por qué mordemos la mano que nos ha tendido? Precisamente porque la reverenciamos" y tras cargar contra los políticos y la pérdida de los valores tradicionales japoneses termina con un rotundo "Salvemos al Japón, al Japón que Amamos".

Mishima y Morita se colocan sus hachimaki, unas bandas de tela blanca sobre las que han pintado el circulo rojo o "hi-no-maru" que representa al país del sol naciente y varios kanji que fijan sus férreas convicciones y salen decididos al balcón. Los soldados congregados a sus pies en lugar de guardar silencio como se les ha ordenado gritan "Baja de Ahí fantoche", "Deja de jugar a los héroes" y muchas frases más siendo la palabra que más repiten "bakayaro" un termino difícil de traducir pero que podría equivaler a nuestro socorrido "gilipollas".



Mishima durante su discurso en el Cuartel Generla de Tokio

El discurso que ha preparado Mishima está pensado para durar media hora pero al ver la gran algarada que se ha formado lo recorta a cinco escuetos minutos tras los cuales le dice a Morita que no merece la pena seguir y ambos, antes de regresar al interior del despacho, cumplen con la tradición y gritan tres veces "Tenno Heika Banzai", "¡Viva el Emperador!"

"Creo que no me han entendido bien" se lamenta el poeta, entrega la katana a Morita, le da su reloj a Koga, se despoja de las botas y se arrodilla en mitad del despacho. Con pulso firme se desabrocha la casaca y se la quita momento en el que Ogawa le acerca papel y pincel. El poeta pensaba escribir un último mensaje con su sangre antes de afrontar el Seppuku que tenía planeado desde hacía semanas, pero ha cambiado de opinión y pide que le entreguen directamente el wakizashi. Así lo hacen y Morita, que tiene el honor de ser su kaishakunin, asistente principal en el ritual, se coloca tras el poeta y levanta la katana.

Aunque realizar el suicidio ritual con el cuchillo que los japoneses llaman "tanto" es mucho más sencillo el wakizashi también permite realizar la maniobra. La mano derecha de Mishima coge la hoja a unos doce centímetros de su punta usando un pañuelo para no cortarse con el agudo filo cuando lo clave y la mano izquierda tantea la zona donde iniciará el corte ejecutando el ritual masaje que prepara al piel y desplaza los intestinos ligeramente para facilitar la maniobra.

Mientras masajea la zona Mishima realiza un leve balanceo corporal que le ayudará en su propósito y tras unos segundos que se hacen eternos, en un solo acto, y con la inclinación precisa, hunde y desplaza la hoja llevándola desde el costado izquierdo hasta el derecho pasando por debajo del ombligo. Hasta que no llegue al final no podrá ayudarse con la mano izquierda para hacer que el corte continúe, esta vez en vertical y hacia el esternón, algo que muy pocos consiguen.

Este es el momento más importante del ritual ya que Morita debe decapitar a Mishima para evitarle mayor sufrimiento si este no consigue completar la segunda maniobra. El golpe, aunque quien comete seppuku suele inclinar la cabeza de forma automática, no es sencillo y Morita no es un gran esgrimista por eso cuando inicia el tajo lo hace muy tarde.

Su maestro está ya cayendo al suelo y aunque el golpe le hace un feo y profundo corte en el cuello no consigue decapitarlo completamente. El suelo bajo el cuerpo del poeta está lleno de vísceras y sangre y sus compañeros gritan a Morita que vuelva a intentarlo. El joven lo hace, pero vuelve a fallar y su tajo golpea en el hombro de Mishima. El cuerpo del poeta, que aun no ha muerto, se convulsiona fruto del dolor y Morita ejecuta un tercer golpe que tampoco consigue su objetivo.

Koga Furu, que es el alumno de kendô más destacado de Mishima, le quita la katana y corta la cabeza del poeta de un solo tajo. Con el rostro lleno de lágrimas Morita imita a su maestro, se desviste, se arrodilla, coge el Wakizashi y, antes de iniciar el seppuku, le dice a Koga que no le deje sufrir mucho. No lo hará y en cuanto su compañero se rasga el vientre lo decapita de un certero tajo.



El despacho del general Mashita tras el incidente

Las dos cabezas se colocan rectas sobre el suelo y se libera al general que hace una reverencia a los difuntos y consuela a los tres jóvenes que lloran desconsolados porque el poeta les ha prohibido suicidarse, ordenándoles que den testimonio en el juicio del honorable propósito de su maestro.

El escritor japonés más grande de la era moderna, y tal vez de toda su historia, ha muerto y el mundo occidental no entiende lo sucedido. Sin embargo este final es coherente con la particular vida y personalidad del fallecido. Acompáñanos en un breve viaje por su vida y conocerás un poco mejor a este irrepetible personaje.

KIMITARO EL NIÑO DE LAS DOS CARAS.

Yukio Mishima, aunque lo realmente correcto sería llamarlo Mishima Yukio ya que en Japón se coloca primero el apellido y luego el nombre, nació el 14 de Enero de 1.925 en Shinjuku, uno de los centros comerciales y administrativos más importantes de Tokio. Su verdadero nombre era Hiraoka Kimitaro y su padre, Azusa, era un próspero funcionario del Ministerio de Pesca que con el tiempo llegaría a dirigir dicha institución.

Azusa era un hombre severo y adusto al que su hijo siempre guardó respeto, pero por el que no sintió nunca afecto. Su madre era, y lo fue toda su vida, su principal apoyo, la primera en leer todo lo que escribía, y eso le llevó a desarrollar un claro Complejo de Edipo que ya en su edad adulta tuvo dos manifestaciones muy claras. Una fue su inclinación casi enfermiza hacia la escritura, una profesión que su padre odiaba y que siendo niño le prohibía por considerar que ya era demasiado afeminado como para malgastar el tiempo en una actividad que él consideraba poco masculina. Otra, mucho más mundana, pero igualmente significativa, fue que Mishima, una vez independizado vivió rodeados de gatos, unos animales que Azusa detestaba y que jamás permitió cerca de su casa.

La vida de Kimitaro, que nunca fue alegre, da un cambio radical a los cinco años cuando Natsu, su abuela, lo separa de sus padres y, aunque permite que visite a su madre regularmente, se lo lleva a vivir con ella y con sus primas.

Natzu, una mujer culta que leía libros en francés y alemán y sentía pasión por el Kabuki, estaba ligada, a través de una rama muy indirecta, a los legendarios Tokugawa y, aunque tenía pretensiones nobiliarias, al pertenecer a un clan derrotado sabía que jamás lo lograría. Es por eso que decide que Kimitaro ingrese en el Gakushu-in, el Colegio de Nobles, que es lo más cerca que podía estar de lograr su objetivo no ya para ella sino para su nieto.

Aunque en el Gakushu-in históricamente sólo habían estudiado los hijos de la familia imperial y los de la nobleza esa práctica había ido cambiando y la escuela incluía en esa época, 1930, también alumnos con grandes dotes intelectuales. Fue por esa vía por la que Natsu consiguió que Kimitaro fuese aceptado ya que el niño era un gran estudiante.

De aspecto frágil y enfermizo Kimitaro fue objeto de las burlas de sus compañeros, unos snobs que incluso humillaban a sus profesores por no ser de noble nacimiento. Que el joven estuviese dispensado por su físico, y por las paranoias de su abuela, de la práctica deportiva, del internado obligatorio del primer año, y de las excursiones, lejos de ayudar a su integración contribuyó a su completo aislamiento.

Apodado "El Pálido" y "Vientre de serpiente" el joven Kimitaro sólo encontraba algo de paz cuando dejaba el centro y jugaba a muñecas con sus primas o cuando escuchaba los relatos de antiguas gestas guerreras que le ofrecía su abuela. En sus narraciones Natsu era morbosa hasta la nausea y no escatimaba adjetivos a la hora de describir las matanzas y los suicidios rituales y eso puso las bases para que su nieto desarrollase un irresistible gusto por el masoquismo y el seppuku.

Su gusto por la muerte y la estética que la rodea quedaría pronto claro como cuenta en su obra "Confesiones de una máscara" cuando al dar por casualidad con una ilustración del "San Sebastian" de Guido Reni el joven Kimitaro sufrió su primera erección al contemplar las flechas clavadas en el sobaco y el costado del mártir.

Sus notas en los primeros años, pese a ser un superdotado como luego se demostraría, fueron malas ya que Kimitaro no deseaba destacar sobre los demás para no recibir de ellos más presión y más burlas. Todo cambia gracias a la literatura, actividad a la que se había dedicado en cuerpo y alma y gracias a la cual ingresa en el Club literario del prestigioso centro a la edad de 12 años.



Mishima a los 6 años de edad (Izda) y a la 15 (Dcha)

La aceptación del Club, y las exitosas representaciones escolares de sus obras, inusualmente maduras y escritas con un lenguaje propio de un adulto versado en los estilos más clásicos, le permiten ganarse el respeto de todo colegio y gracias a ello se quita la máscara de mediocridad que frenaba su progreso. Sus notas mejoran con una velocidad pasmosa y rápidamente lo colocan como número uno de su promoción gracias a lo cual en su graduación recibe de manos del Emperador un reloj como premio.

Ese fue su primer encuentro con el emperador, y sin duda el más feliz, pero no fue el único. El segundo se produjo no mucho tiempo después cuando Kimitaro, al que todos llamaban ya Mishima, tenía 18 años de edad. Japón estaba en ese momento en guerra y el Emperador asistió a una ceremonia de bendición realizada con los jóvenes que habían sido seleccionados para ser formados como Kamikazes. Uno de ellos era Mishima y aunque como el resto hizo su juramento de lealtad, semanas después cuando pasó el reconocimiento médico mintió a los facultativos y el dictamen médico fue que tenía un principio de tuberculosis.

A Mishima se le dio la licencia y el correspondiente tratamiento y, auque con ellos salvó su vida de una muerte segura, el sentimiento de ser un cobarde y un traidor al emperador jamás se le quito de la cabeza. De hecho para muchos autores purgar este pecado juvenil fue uno de los tres motivos que lo llevó a cometer el Seppuku que hemos narrado al principio de esta historia. Los otros dos fueron, como veremos más adelante, la sensación de fracaso que le produjo saber que jamás ganaría el premio Novel de literatura y dejar este mundo en su plenitud física.

CAMBIO DE CUERPO Y MENTE.

Tras su breve paso por el ejército y la guerra Mishima, pese a la oposición de su padre, sigue escribiendo e ingresa a la Universidad. Se gradúa en 1947 con calificaciones brillantes y, aunque obtiene un puesto en el Ministerio de Finanzas, termina dejándolo al poco tiempo para centrarse en la escritura.

Sus primeras obras son muy bien acogidas y entre ellas destaca la ya citada "Confesiones de una Máscara" un trabajo semi-autobiográfico cuyo protagonista oculta su homosexualidad bajo una mascara de normalidad que le permite pasar desapercibido. El contenido de esta obra, publicada en 1948, y las visitas nocturnas que hace junto con sus amigos a locales de ambiente gay y a espectáculos de transformismo son el origen de que sus dos grandes biógrafos anglosajones, John Nathan, traductor oficial de su obra, y Henry Scott, lo consideren homosexual. No ocurre así en Japón donde estos, y otros detalles que citaremos, se consideran una muestra más de las muchas máscaras que se ponía el poeta para escandalizar a todo el mundo y llamar la atención de la prensa.

Los siguientes años, y con un ritmo casi frenético, publica y obtiene importantes premios por "Sed de Amor", "Los años verdes", "El color prohibido" y por un conjunto de cuentos que incluye uno titulado "Patriotismo" donde ya da muestra del pensamiento político que años más tarde le llevaría a la creación del Tate-no-kai.



Uno de los desfiles del Take-no-kai

Su capacidad de trabajo es sorprendente y su modo de trabajo, solo posible en un superdotado, es único. Escribe todo de corrido, sin apenas correcciones, empezando siempre a las 12 de la noche en la soledad de su escritorio y trabajando en ocasiones incluso seis horas seguidas.

Si la obra lo requiere trabaja también por las mañanas, en los huecos que encuentra en sus múltiples actividades, y empieza siempre por el final ya que es allí donde sintetiza lo que quiere contar. Esto es especialmente significativo en sus obras de teatro donde todo termina con una frase final que considera cenital y tras la cual obliga a bajar el telón de golpe para que el espectador se quede con ella. Su obsesión con este aspecto es tal que llega a exigir que el telón se baje de forma manual ya que si se hace de este modo este cae con más celeridad que si se usa un dispositivo automático.

Mishima odia la debilidad de su cuerpo de modo que cuando a la edad de 30 años ve uno de los primeros anuncios de fisicoculturismo publicados en Japón decide que su cuerpo, que no muestra por estar acomplejado, debe ser perfecto. Empeñado en ello, y sin dejar su actividad literaria, el poeta dedicada más de 12 horas semanales a la práctica del culturismo y de otros deportes. El boxeo, cuya práctica se le da muy mal, es el primero que prueba y abandona y se centra entonces en el kárate donde obtiene el cinturón negro con rapidez y en el kendô, que es su preferido y del que con el tiempo obtendría el 5º kyu quedando a uno del máximo nivel existente.

Sus esfuerzos obtienen recompensa y el poeta se emociona cuando una enciclopedia nipona escoge una de sus fotografías para ilustrar la entrada dedicada al fisicoculturismo, disciplina que en Japón tiene en Mishima a su principal difusor.

De todos los escritores japoneses, tanto de su generación como de las anteriores, Mishima es el más occidental y su dominio del inglés y su atracción por la cultura occidental lo llevan a realizar una serie de viajes siendo el que hace a Grecia uno de los más importantes. Su obra "El rumor del oleaje" publicada en 1956 recoge gran parte de lo descubierto en esta visita, pero como le ocurre siempre con todo, pronto pierde todo el interés por la tradición helénica y busca algo nuevo por lo que apasionarse.



Mishima practicando Kendô y luciendo su nuevo cuerpo

Nuestra cultura no pasa desaperciba a su inmenso apetito y no solo admira la figura del matador a la que haría referencia en su obra "La Casa de Kyôko" sino que llegaría a afirmar que en toda la cultura occidental solo el sentido del honor calderoniano era equiparable al Código Samurai. Cuando lee que un noble español es capaz de recibir a su enemigo en su palacio, porque así lo ordena su Rey, y que tras cumplir con su deber es capaz de quemar el edificio hasta los cimientos para lavar la ignominia, se conmueve.

En 1958 Mishima, que tiempo atrás había roto un matrimonio pactado con Shôda Michiko, una hermosa joven de noble familia que terminaría siendo la mujer del príncipe, y futuro emperador Akihito, se casa con Sugiyama Yoko con la que como ya dijimos al comienzo tendría dos hijos; iichiro y Noriko.

El gran escritor Kawabata Yasunari ejerce de padrino de bodas de Mishima ya que ambos tienen una magnífica relación. El legendario escritor es 26 años mayor que él y Mishima sabe que le debe mucho pues si bien es cierto que sus primeros trabajos fueron un éxito también lo es que la crítica le dio la espalda y lo olvidó hasta que Kawabata se deshizo en elogios diciendo que sólo cada 3.000 años nacía alguien con el talento de Mishima.

Hay quien considera de forma errónea que Mishima era discípulo de Kawabata pero lo cierto es que no fue así. Sus estilos de escritura, y de vida, eran de hecho opuestos sin embargo, mientras que su talento y admiración mútua eran grandes, motivo por el cual se veían siempre que podían e intercambiaban ideas.



Mishima en su despecho mostrando una valiosa Katana

Su relación con Yoko es afectuosa y estable y la pareja sólo tendrá problemas cuando el poeta desate todo su narcisismo exhibicionista y ella le obligue a dejar esas prácticas alejadas del domicilio familiar. Claro ejemplo de ello lo encontramos cuando al poco de iniciar su vida marital el poeta trae a casa a sus musculosos compañeros de gimnasio y todos se embadurnan en aceite y se hacen fotos para una revista culturista.

Mishima estaba contento con su nuevo cuerpo y lo exhibió en incontables sesiones fotográficas en las que el mismo, un compulsivo controlador de su imagen y de su obra, se ocupaba de todos los aspectos. El fotógrafo era el encargado de disparar la foto, pero el poeta elegía el lugar, la hora, la composición y hasta el encuadre.

En varias fotos el poeta se mostró completamente desnudo pero dejó esa práctica tras recibir críticas sumamente duras, algo que siempre le disgustaba y deprimía. Se dedicó entonces a los semi-desnudos y a composiciones en las que representaba su muerte de varias formas incluyendo una en la que reproducía el cuadro de San Sebastían de Reni que antes hemos citado.

Esta tal vez sea una de sus fotos más importantes pues el mensaje que nos manda es claro. El poeta esta orgulloso de su cuerpo y quiere morir antes de que este envejezca, se lo debe al emperador por haberle fallado y por eso realizará el seppuku. Ver en esa foto el suicidio ritual no es sencillo, pero si se compara la composición exigida por Mishima con el cuadro real se verá que el poeta ordenó la colocación sobre su cuerpo de una tercera flecha que se clava justo en el punto donde debe clavarse el cuchillo al iniciar el ritual del sepukku (ver imagen).



Mishima reconsturyendo el cuadro de Rení (Dcha) con una flecha más

Sin dejar de escribir ni un solo momento a la fotografía Mishima añade el cine donde, además de realizar varios guiones, ejerce de actor en varias películas y empieza a hablar con claridad de política ganándose una creciente fama de nacionalista.

El poeta se aproxima al ejército y habla de la recuperación de los valores tradicionales, del código samurai y de la necesidad de abandonar el influjo occidental y recuperar el espíritu japonés representado por el crisantemo y la espada. Su pensamiento se ve reflejado en la obra "Los Sables" y en ensayos como "El Sol y el Acero" y "Lecciones espirituales para jóvenes samuráis" que le hacen ganarse el odio de la extrema izquierda.

El Tate-no-kai y el premio Novel de literatura.

Siempre pendiente de la prensa Mishima, cuyo prestigio en occidente es grande pero queda lejos del que tiene en Japón, donde es casi un bien nacional, da por cierto que el novel de literatura de 1.965 será para él y llega a organizar un viaje a Estocolmo para conocer el terreno. No será así y el premio se dará al desconocido escritor israelí Shmuel Yosef Agnon. La frustración de Mishima es grande y lo será aun mayor cuando tampoco se lo concedan, como toda la prensa pedía, ni en 1.966 que fue para la alemana Nelly Sachs ni en 1.967 que se concedió al guatemalteco Miguel Ángel Asturias.

Sin dejar de escribir Mishima se vuelca aún más en su actividad política y tras realizar, gracias a un permiso especial, un entrenamiento completo con las Fuerzas de Autodefensa de Japón en 1967 al año siguiente funda el Tate-no-kai una sociedad de corte paramilitar que se convierte poco menos que en su ejército privado. El poeta escribe el himno, diseña los uniformes, emblemas y escudos y conforma el ideario básico que, además de ser fiel al Código Bushid? recupera una tradición antigua según la cual su grupo servirá de escudo para el Emperador cuando este sea atacado.

El grupo, cuyos miembros salen sobretodo del diario escolar Ronsô Journal, llegará a contar con 300 efectivos repartidos en varios niveles piramidales siendo Mishima la cabeza visible y Masakatsu Morita el segundo al mando. La proximidad entre ambos dio lugar a todo tipo de rumores pero es poco probable que mantuviesen una relación homosexual ya que Mishima exigía a su segundo que se mantuviese puro y célibe, algo que demuestra el hecho de que Morita fuera la segunda elección del poeta. La primera fue otro joven, mucho más brillante que Morita, pero que al estar prometido y a punto de casarse, renunció al cargo por no poder cumplir el código de pureza.

El Tate-no-kai recibe ayuda del ejercito que les presta instalaciones e instructores y surge en un momento muy convulso donde los grupos de izquierda radical y los movimientos anarquistas copan las universidades. Mishima, al que todos estos colectivos odian a muerte, realiza entonces una maniobra inesperada y acepta encerrarse, sin ningún tipo de protección, con todos ellos para realizar un debate.

Los estudiantes, que llenan las paredes con pintadas, lo increpan a su llegada y muchos lo insultan, pero le permiten expresarse y el debate, aunque duro, resulta fructífero para el poeta que, terminado el evento lo transcribe y publica. El libro se convierte en un best-seller y Mishima en un acto de honradez, o tal vez de marketing, entrega la mitad de las ganancias a los grupos izquierdistas al considerarlos co-autores del mismo. Preguntado por el asunto Mishima, que siempre hizo gala de un humor inteligente dijo "Supongo que ellos gastaron su parte en cascos y cócteles molotov; yo, por mi parte, compré uniformes estivales para el Take-no-kai. Todos me dicen que no hice un mal negocio".



Mishima encerrado con los estudiantes radicales y anarquistas

En 1.968 la prensa vuelve a insistir en que Mishima ganará el Premio Novel de Literatura y el poeta vuelve a ilusionarse con el evento. Realiza cientos de entrevista y el día del anuncio se arregla para la ocasión y organiza en secreto un convite para los periodistas en el que ofrecerles sus primeras impresiones pero la academia vuelve a olvidarse de él y decide darle el galardón a su amigo Kawabata.

Mishima reacciona con rapidez y tras cambiarse de ropa, viaja hasta la casa de Kawabata felicitándole en persona ante los periodistas y afirmando que es un justo ganador. Aunque nada en su rostro ni en sus declaraciones lo evidencian esta roto pues, si bien es cierto que se alegra por su colega, sabe que esa victoria implica que él ya no lo ganará nunca. La política de concesión de la academia es clara y no volverán a otorgar el premio a un asiático, y menos aun a otro japonés, en muchísimo tiempo.

Con la sensación de fracaso profesional, y con su cuerpo perdiendo vigor fruto de la edad Mishima empieza a pensar en el sepukku con el que no sólo dejará un cadáver en plenitud y aplacará la pena del Novel sino que dará un ejemplo al Tate-no-kai y purgará su cobardía juvenil al eludir morir por el emperador durante la guerra.

Su obra de 1969, "Caballos desbocados", en la que un grupo de fieles cadetes militares se convierten en terroristas para recuperar el orgullo perdido por el noble pueblo japonés, y terminan cometiendo seppukku es un grito bien alto de sus propósitos sin embargo, como ya había ocurrido con sus trabajos anteriores, nadie sabe leerlo así y lo consideran mera ficción.

Durante el siguiente año el poeta lo prepara todo y, además de seleccionar a los cuatro jóvenes que la ayudarán en su misión, se vuelca en al preparación de una retrospectiva de su obra que termina adquiriendo unas dimensiones colosales. Su control del evento es total y no solo elije personalmente los textos y las fotografías sino que destaca las que considera más relevantes y exige que paredes y suelo se forren de negro.

En ese momento nadie entiende lo que hace y lo consideran una más de sus manías sin embargo Mishima está organizando su funeral en vida. Destacando sobre todas las demás fotografías, y colocadas sobre el negro fondo, están la que muestran al poeta representando a San Sebastian y una en la que se le ve simulando el sepukku.



Imagen de Mishima simulando que acomete el sepukku

Todo esta preparado y Mishima esta listo para dejarnos de modo que el 25 de noviembre de 1970 fija una reunión con el General Mashita y avisa a sus cuatro alumnos de que el día que tanto han esperado, y para el cual llevan tiempo preparándose, ha llegado.

Lo que sucedió ese día ya te lo hemos contado al inicio de esta narración de modo que solo nos resta apuntar que ese día murió un genio de la literatura, un hombre brillante, pero complejo cuyo estudio tanto por parte de escritores como por parte de psiquiatras aun no ha finalizado. Un ser irrepetible arrancado de la vida por voluntad propia en su plenitud física y literaria. Un trabajador incansable y único escritor moderno capaz de crear composiciones para el teatro kabuki que cumpliesen con los estrictos requisitos impuestos por la tradición haciéndolo además de un tirón y sin correcciones.

Mishima, un personaje apasionante y casi desconocido en nuestro país fuera de los círculos más especializados, pero cuya historia esperamos que os haya resultado tan excitante de escuchar como a nosotros de contar.

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