CRÓNICA DEL XVII SALÓN DEL MANGA 2011

Artículo de Raúl Martín. Fotografías: Raúl Martin y El Pozo de Sadakoy. Maquetado por el Coronel Kurtz.
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Afortunadamente, de un tiempo a esta parte los certámenes conectados con el mundo de las viñetas no sólo están proliferando, sino que además las propuestas maduran, se asientan y terminan por consolidarse. En Cataluña se aplica esta fórmula de manera excepcional. Pero si hay que destacar dos citas ineludibles de reiteración anual, es imposible no pensar en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona y el Salón del Manga, ambos organizados por FICOMIC. La primera cita ocurre en los albores del verano (abril, mayo, junio); y la última acostumbra a celebrarse alrededor del puente de Todos Los Santos (finales de octubre, principios de noviembre).

Es precisamente al Salón del Manga, tal y como reza el título, al que dedicaremos los siguiente párrafos. Cabe destacar que un servidor pudo disfrutar del mismo desde una óptica ligeramente privilegiada, dado que la organización mostró la deferencia de concedernos a La Órbita de Endor pases de medio de comunicación (efectivamente, el gallito que se paseó sacando pecho con su camiseta de 20th Century Boys por delante de la enorme cola para comprar entradas, luciendo su brazalete de acreditado y saltándose el gentío, era yo).

Vayamos primero con un resumen de lo que se pudo encontrar en esta última edición y pasaremos más tarde a las opiniones y conclusiones cosechadas. Cuando hablamos del Salón del Manga hay que entender que dicho evento tiene lugar en tres espacios emplazados en la ciudad de Hospitalet de Llobregat: La Farga de l'Hospitalet, el Poliesportiu (polideportivo) y el Auditorio. En la Farga se concentran los expositores y principales actos, en el Poliesportiu tienen lugar las actuaciones musicales - este año de notoria relevancia, como comentaré más tarde -, y en el Auditorio se puede disfrutar de proyecciones de anime. La verdad es que cuesta consumir la totalidad de posibilidades que ofrece el espacio de la Farga, pero si además el visitante desea asistir a ni que tan sólo sea lo más relevante de los otros dos espacios, más vale administrarse muy bien a nivel de horarios o realizar más de una visita, o de lo contrario de enfrenta a un elevado riesgo de agotamiento físico / mental.

   
La Farga de l'Hospitalet
   
Poliesportiu (polideportivo)

Este artículo se centrará en lo vivido en la Farga durante su multitudinaria jornada inaugural, puesto que considero que lo más suculento - con el permiso de lo que sucedió en el Poliesportiu - aconteció en este recinto. La mañana había sido exigente según me contaron cuando pisé el recinto a primera hora de la tarde. Las colas para acceder el sábado por la mañana - día inaugural, puesto que las fechas en esta ocasión tenían lugar entre el 29 de octubre al 1 de noviembre - llegaron a doblarse y formar un cordón que rodeaba el inmenso recinto dos veces. Y pese a que con toda seguridad algunos se habrían marchado, ante mis ojos el ambiente presentaba huestes de aficionados al género japonés más internacional, abarrotando acceso y aledaños. Con tan sólo cruzar la entrada se me presentaba, al igual que a cualquier otro visitante, un abanico de opciones compuesto por 143 expositores, sala de videojuegos, talleres de cultura japonesa, salas de exposiciones, mesas redondas, conferencias, concursos de cosplay, karaoke... Todo ello amenizado con una verdadera invasión de personas disfrazadas de su personaje preferido, ya fuera de manga, videojuego, literatura, etc.

   
Exterior del Salón
   
Interior del Salón

Se terciaba recorrer primero la zona de stands para disfrutar de todo lo que la iniciativa privada nos ofrecía a los espectadores, y de paso mezclarse entre la animada multitud. Las posibilidades de compra eran multitud: lectura, videojuegos, algo de gastronomía… sin embargo era evidente que la principal oferta consistía en merchandising de lo más poliédrico. Al fin y al cabo, el tomo manga o el videojuego te lo puedes comprar donde sea y cuando sea, pero el merchandising queda reservado mejor para las ocasiones especiales como esta en cuestión. Si hubiera que destacar un stand por encima del resto, permitidme que subraye el espacio del Festival de cine fantástico de Sitges, repleto igualmente de mermorabilia. La mención se debe a que Salón del Manga y de Sitges han alcanzado un acuerdo para realizar propuestas conjuntas. Algo muy comprensible por otra parte dado que en ambos certámenes se maneja mucho anime y cine oriental.

           
Espacio Sitges
   
Merchandising
   
Merchandising
   
Merchandising

Pasando ya a las exposiciones, disfruté de sendas salas dedicadas a la obra de la ilustradora Victoria Francés - muy orientada al fenómeno gothic -, una muestra de kimonos, y una retrospectiva al arte del samurái. Esta última presentaba a todo lujo armaduras, diversas armas tradicionales e ilustraciones de estos caballeros nipones en el mundo manga. Una miradita por la sala de videojuegos - imposible conseguir jugar por la gran cantidad de gente que se esperaba - , a los talleres y finalmente a la sala de actos. Respecto a los mismos, destacar que la conferencia ofrecida por los dobladores originales de Dragon Ball al catalán (Bola de Drac) consiguió ser un lleno tan absoluto que aconsejaron dejar de acudir por razones de seguridad. Y el último punto a destacar de esta jornada es la multitudinaria presentación que protagonizó el grupo musical coreano JYJ en el recinto del Poliesportiu. Estos ídolos del público juvenil femenino ofrecieron una actuación que serviría de precedente al concierto que ese mismo fin de semana iban a ofrecer en Barcelona. Y dado que la compra de entrada básica ofrece derecho a acudir a todos los actos sin restricciones, el show de los jóvenes cantantes asiáticos resultó un verdadero baño de multitudes.

       
El grupo JYJ
   
Sala Victoria Francés
   
Arte del Samurai

Y ya va siendo momento de que la exposición vaya dejando lugar a las conclusiones. A grandes rasgos, la imagen que la edición de este año despertó en mí es muy similar a la de ocasiones anteriores. Por mucho tiempo que pase, el Salón del Manga continúa siendo una fiesta de aficionados que se reúnen anualmente más que otra cosa. Y eso que la organización ofrecía diferentes propuestas, algunas de las cuales como las exposiciones de considerable seriedad y calidad. Pero afortunadamente visitar este evento es introducirse en un carnaval de multicolor y multireferencial que deja a la fiesta oficial como aburrida. Yo destacaría la irrupción con contundencia este año del mundo del videojuego. Puesto que entre narutos, keroros y gokus se pudieron ver caracterizaciones más que aceptables de Metal Gear, Final Fantasy o Zelda; y para mi goce y sorpresa varias fantásticas recreaciones de la saga Uncharted o de COD Modern Warfare (los francotiradores de la fase de Chernóbil y un Ghost que me impresionó muy gratamente).

       
Disfraces
   
Disfraces
   
Sala de Videojuegos

Aunque no estoy demasiado seguro de que los dueños de los stands fueran completamente partícipes de la alegría reinante, ya que por desgracia el volumen de las bolsas de compras que el público lucía continúa menguando año tras año. Es evidente que, mucho antes que comprar, la actividad principal del Salón del Manga es curiosear y hacer miles de fotos a los excelentes cosplays que se amontonan en lugares previamente estudiados para favorecer la buena instantánea. Posiblemente hablamos de la tan comentada crisis como causante de este efecto, aunque tal vez se trate de la consecuencia de una organización que ha primado el disfraz , el jolgorio y la frivolidad adolescente a una oferta un poco más para todos los públicos que conforman el gusto por lo oriental. Como consecuencia a esto, poco se pudo comprar en el Salón del Manga que fuera sustancialmente interesante, más allá de novedades u outlets.

       
Merchandising
   
Exposiciones
   
Panorámica interior

En conclusión, los cuatro frenéticos días de duración han conseguido una afluencia de 65.000 visitantes y las buenas sensaciones de siempre. Sin embargo, de cara a la edición del año que viene los responsables se enfrentan a un reto considerable. Me refiero a que el certamen se traslada de Hospitalet a los recintos de actos situados en la Plaza de España de Barcelona, ubicación de la cual disfruta su pariente cercano el Salón del Cómic. Las razones de este cambio son evidentes, el espacio actual se ha quedado pequeño y se trasladan a un emplazamiento 8.000 metros cuadrados mayor (20.000 m2 en total). Esta medida parece ser que a priori únicamente nos va a comportar alegrías. Sin embargo en este movimiento subyace el reto de constituir el Salón del Manga como un acontecimiento con personalidad propia y no en la versión otoñal del Salón del Cómic. Si consiguen que las masas les sigan y que el ambiente festivo perdure, amén de una propuesta estética distintiva, el cambio sin duda será a mejor. Incluso puede que de rebote se piense un poco más en un público algo más adulto.

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